En un preescolar, los niños se exponen al aprendizaje de forma novedosa y divertida
Después de algunas semanas, los pequeños pierden con facilidad la timidez del primera día. Incluso, el llanto típico desaparece cuando ven marchar a sus papás y se encuentran rodeados de adultos y más niños que no conocían. Por el contrario, la confianza, las ganas de aprender y de querer expresarlo todo, emergen hasta el punto que pueden dejar sorprendidos a más de uno.
Son tan sólo algunas de las ventajas que padres, educadores y expertos han venido reiterando en los últimos años sobre la importancia de inscribir a los niños en un preescolar. Pero la falta de información, y los escasos recursos porque en California no se considera obligatorio, hace que en ciudades como Los Ángeles el 42% de los niños entre 3 y 4 años no tengan acceso todavía a uno de ellos.
A nivel estatal, se calcula que sólo un tercio de los niños que están en edad preescolar están inscritos en algún programa.
La Opinión pasó una mañana en uno de los denominados centros infantiles de alta calidad del sur de Los Ángeles para comprobar la rutina de los niños que sí tienen la oportunidad de empezar a hacer una gran diferencia en sus vidas en el preescolar.
"Dejarlos en casa con una persona que los cuide no es lo mismo que estar en grupo, donde aprenden a comunicarse y a poner atención", dijo Mónica Lara, quien tiene a su hija de 4 años en el Centro de Desarrollo Infantil que la organización Para Los Niños abrió en la avenida Vermont. "Les ayuda a ser más organizados, a tener horarios para todo y hasta saber escuchar".
Sentados en el suelo, una veintena de niños saluda al unísono, con voz angelical y alargando las vocales, a cada uno de los tres adultos que los supervisan: una maestra y dos asistentes.
Después de haber desayunado en las instalaciones y cantado la canción de Buenos días, están listos para una nueva lección, no sin antes recordar lo que aprendieron el día anterior.
Ordenadamente, levantan la mano para querer hablar, mientras Óscar López toma algunas anotaciones.
Y si a alguno se le olvida pedir la palabra, los docentes se lo recuerdan.
"Son observaciones que nos permiten ir viendo el progreso de los niños, y si recuerdan con facilidad lo que ya se les ha explicado o si tienen alguna dificultad para hacer cierto tipos de cosas", indicó el asistente.
La lección del día se trata de aprender las partes de un árbol. La maestra Susy Lau, después de explicarlas, se encarga de pasar una bandeja entre los estudiantes que contienen algunas hojas, ramas y piñas para que los niños experimenten con ellas.
"Esta huele feo… la hoja olía mejor", dice una niña mientras sostenía una piña seca.
"En un preescolar sencillo, te hubieran puesto la foto de un árbol y te dirían sobre la imagen cómo se llaman las partes. Pero de lo que se trata realmente es de que los niños puedan aprender explorando, tocando y oliendo lo que normalmente no tienen a su alcance", dijo Ernesto Saldaña, director estatal de la campaña Preschool California.
El lugar está acondicionado para permitir la libertad de movimientos de los niños. A cualquier lugar donde se fije la mirada hay cosas por ver, con diferentes colores, tonalidades, utensilios y carteles en inglés y español que ubican cada una de las áreas en las que se encuentra dividido el salón.
"Es muy importante enseñarles en los dos idiomas, de tal forma que estén mejor preparados para su propio futuro", señaló la maestra Lau, originaria de Perú.
"Mi hija llegó sin saber nada de inglés, y ahora ya entiende las órdenes y puede hablarte en ese idioma", comentó Mónica Lara. "Ahora, con mi hijo mayor, que le lleva dos años más, se hablan en inglés y conmigo lo hacen en español".
La pequeña, que se llama igual que la madre, nos revela que ya ha aprendido las letras del abecedario, aunque señala que lo que más le gusta del preescolar es compartir. Hasta tiene su área favorita en el salón: "La casita", dijo, señalando hasta un rincón donde se simula una cocinita.
El área de bloques, de ciencias, la biblioteca, las computadoras y el espacio para hacer manualidades conforman el resto de ubicaciones del salón, uno de los cuatro que alberga el centro. Y a lo largo de todo el plano se pueden ver las muestras de los trabajos realizados hasta el momento por los pequeños.
"Tienes que mostrarles a los niños que aprecias lo que hacen, y tener paciencia para darles todo su tiempo cuando quieren explicarte algo o hacen las cosas más lentas", dijo la maestra.
Entre las muestras de trabajos se encuentran castillos hechos a base de rollos de cartón, papel de baño y una buena dosis de imaginación para construir lo que sólo han podido ver por imágenes.
"Lo único que sabían sobre castillos es que allí viven las princesas de Disney, pero nos encargamos de que aprendan qué partes tienen, cómo es su arquitectura, cuál es su historia. Aprender cosas que no saben más allá de las ideas o el concepto que pueden tener", dijo Lisa Scheiffer, pedagoga que se encarga de que los profesores de preescolar pongan en práctica la filosofía del aprendizaje.
Tras media hora de recreo en el patio, donde algunos se distraen para montar en bicicleta, otros en los columpios, y otros prefieren continuar con las manualidades, toca la hora de revisar lo aprendido antes de comer y tomar la siesta. Tanto dentro como fuera están supervisados constantemente por los adultos.
"El papel del maestro no es sólo facilitar las lecciones, sino estar con el niño y hacerle preguntas para involucrarle en el aprendizaje", indicó Scheiffer.
Saldaña explica que, precisamente, uno de los motivos por los que se ve la diferencia entre un plantel preescolar de calidad, de otro regular, es el número de maestros que hay por cada niño.
Lo recomendable es tener cuando menos un docente por cada 10 alumnos, además de facilitar que los niños exploren las cosas y el centro desarrolle un programa que les permita estar preparados para cuando tengan que comenzar el kinder. "Antes, los niños empezaban a leer hasta el primer o segundo grado de la escuela. Ahora ya empiezan a leer en el kinder, y si no se les prepara bien en un preescolar, entonces ya van a entrar con deficiencia respecto a otros niños", indicó Celia Ayala, jefa de operaciones de Los Angeles Universal Preschool.
Ayala, que recientemente fue reconocida como una de las tres mujeres hispanas más destacadas este año por la Mexican American Opportunity Foundation, confía en que de aquí a cinco años el estado haya tomado los pasos necesarios para implementar el acceso al preescolar de forma obligatoria.
El pasado curso, alrededor de 170 mil niños recibieron instrucción con fondos públicos del estado, y aunque los preescolares no están requeridos a reportar el número de estudiantes a ninguna agencia gubernamental, estudios han comprado que los niños hispanos son el grupo étnico menos representando en estos centros, pese a suponer la mayor parte de la población infantil.
Pero hasta que ese día llegue, y mientras continúan apareciendo propuestas legislativas para hacerlo realidad, todavía son muchos los mitos que envuelven a la educación temprana. Uno de ellos es que muchos padres desconocen aún los beneficios del programa o piensan que son una pérdida de tiempo para a sus hijos, y otro es, principalmente, el coste de inscribirlos.
"La pobreza no tiene que ver nada con la educación", dijo Gisselle Acevedo, presidenta de Para Los Niños, al explicar que, dependiendo del nivel de ingresos de la familia, el servicio es gratis o a muy bajo costo para los padres.
"Yo hago esto porque espero que estos niños vayan a Harvard. Se merecen aprender de una manera diferente. En nuestros países, era la abuela la que nos cuidaba y enseñaba en casa, pero aquí los padres están trabajado 10 y 15 horas y sabemos que ni siquiera ganan lo suficiente", recalcó Acevedo. "Ellos pueden ser la diferencia en el futuro".